Llegué a la junta de vecino engañada. No conocía lo que era una junta ni qué rol cumplía para una comunidad. Pero estando ahí me di cuenta que había mucho que hacer, porque existían muchas falencias, cosas que faltaban o que no estaban bien hechas. Yo dije que había que poner orden. Y comenzamos organizarnos para sacar proyectos. Pero un caballero me dijo que él mandaba ahí y que las cosas se hacían como él decía, pero él no hacía nada.

Así que empecé de a poco, día a día, conversando con los vecinos, trabajando y así me fui ganando el rol de presidenta.

Gladys Elvira Valdivia Molina tiene 63 años, nació en Sierra Gorda y a los 6 años llegó a Antofagasta. Desde 2007 ha dedicado gran parte de sus días a trabajar para dignificar la vida de los habitantes de la Población Miramar Norte, ubicada en el Centro Alto de la Perla del Desierto, que hoy ya cuenta con más de 400 viviendas familiares.

En este 8M, La Huella Teatro e Identidades Festival, destacan a esta mujer luchadora, que ha tenido un papel clave en el encuentro y enraizamiento de las artes escénicas como experiencia colectiva en su territorio. 

¿Qué fue lo que te motivó a tomar esa bandera de lucha?

La preocupación. Había mucho que hacer. De a poco comenzamos y con el tiempo levantamos la sede, pavimentamos la población, hicimos un club de niños para sacarlo del contexto droga. Levantamos talleres de alimentación saludable, enseñanzas, paseos científicos y a museos, a ferias de artes, empezamos a hacer zumba en la población…sacamos varios proyectos.

¿Cómo lo lograron?

Empoderándonos, golpeando puertas. Había que hacerlo, mucha gente necesitaba un techo y no podía conseguirlo. Comenzamos a movernos, a trabajar con la municipalidad, con la intendencia, en proyectos, nos articulamos con 15 juntas de vecino y nos fuimos proyectando, sacando adelante la población y el proyecto social para los que más apoyo necesitaban y no sabían cómo llegar, ni a donde.

Yo iba para acá y para allá, mucha gente tenía sus casas irregulares. También necesitábamos materiales. Hicimos navidades, espacios para los diabéticos, trabajamos con Fondo Esperanza, vinieron alumnas en práctica de la Universidad de Antofagasta…tantas cosas.

Esta historia está protagonizada fundamentalmente por mujeres ¿por qué crees que pasa eso?

Siempre hay más mujeres que hombres en estos espacios. El hombre trabaja más afuera y con eso a veces cree que ya está todo hecho. No tiene entereza que tenemos las mujeres. Sabe, nosotras llegamos más allá… el hombre solo cree que tiene que trabajar. Una es mamá, es mujer, es esposa, es muchas cosas, una abarca todo ese sentido: entiende y empatiza con lo que le pasa al resto. Aquí apoyan muchas mujeres, mujeres más jóvenes, más mayores.

El hombre no es como una, dice yo tengo que trabajar, estoy cansado porque trabajé. En cambio, la mujer trabaja las 24 horas del día y aun cuando está cansada, sigue haciendo cosas. Por experiencia se lo digo, yo llegaba de trabajar a trabajar más, porque había gente que me necesitaba.

¿Qué provoca en tu vida dedicarte a trabajar por otras personas?

Una satisfacción muy grande por el hecho de poder ayudar a los demás, de poder sacar adelante a mi población. Yo la quiero mucho porque siempre he vivido aquí y esto me da satisfacción porque antes la veía muy abandonada. Hoy veo logros.

¿Fue difícil lograr un equilibrio ara cumplir todos esos roles que mencionas?

No fue tan difícil. Mis hijos ya estaban grandes, fueron mi apoyo. Aquí en mi casa todos trabajamos, no solo yo. Los niños ayudaban. Me acostaba tarde siempre, pero tenía apoyo de mi familia.

A propósito del estallido social en Chile: ¿cuáles crees que son las demandas prioritarias a las que hoy el gobierno debe responder?

Las de la educación y la salud. Una necesita darle educación a sus hijos para que puedan ser alguien en la vida, para que salgan adelante. Y en salud, porque hoy tenemos mucha gente, especialmente adultos mayores con diabetes, hipertensión, artrosis y otras cosas más y no hay horas para las urgencias, eso es muy complicado.

Y acerca de tu relación con el teatro ¿cómo crees que aporta a una comunidad el acceso a las experiencias artísticas?

A mí siempre me gustó el teatro.  Yo conocí a La Huella Teatro, a través de Renacer Andino y Miguel Olivares. Él me hizo la propuesta de traer espectáculos, y con el apoyo de Juan Pablo logramos hartas cosas. Recuerdo que partimos con un espectáculo grande de artistas de acá de la región, muy buenos. Después con una itinerancia que circuló por varios pueblos de la región y así comenzamos a vincularnos con La Huella Teatro.

Yo los he apoyado harto cuando han estado con problemas, como cuando los sacaron de la casa Abaroa. Eso fue triste, a Antofagasta le falta para valorar a sus artistas, cada vez puedo yo abro las puertas.

Sabe lo que pasa, cuando el teatro está lejos de las comunidades la gente lo ve como algo muy inalcanzable, entonces cuesta mucho que asistan, por eso es necesario que vengan.

Cuando a la gente le hablan de teatro, no están muy interesados porque lo ven muy lejano. Y más encima cuando es teatro de “región”, como le dicen en Santiago solo porque no es de Santiago, le ponen que es poco profesional, y no es así.

Aquí en Antofagasta tenemos profesionales del teatro y de categoría, que han recorrido el mundo con su trabajo, por eso yo llevo a mis vecinos y los invito a que se vinculen más.

Yo creo que si hubieran más espacios de teatro abiertos a la comunidad y se enseñara más sobre eso, a la gente le interesaría más.

¿Cómo ve que se vinculan los jóvenes con las artes en su población?

Las artes en los jóvenes hoy están muy alejadas. Pienso que si existieran más instancias sería más provechoso. Conozco jóvenes con muchos dones, pero no tiene posibilidades y andan perdidos. Hace falta más arte. Nosotras hicimos arte con pintura participativa y fue muy provechoso. Pintamos las viviendas como las favelas en Brasil. Y hasta los niños pintaban. Fue un trabajo que dignificó nuestra población.

En este 8M, ¿Cuál es tu mensaje para las mujeres luchadoras de Chile y el mundo?

Hay que saber luchar, hay que saber empoderarse de la vida. No hay que ser sumisa, hay que valerse como mujer. Hay que pensar que somos un pilar y que nosotras movemos el mundo. Y que si hay hombres poderosos en esta vida, estudiantes destacados que ha salido adelante, es gracias a nosotras. Nosotras parimos los hijos, les damos educación, somos las que nos preocupamos que estén bien. Les damos valores y eso se hace luchando.

La mujer siempre debe abrir la boca, no debe callar. Debe salir a luchar y ser siempre mejor persona. Yo valgo, yo soy alguien en la vida y puedo luchar por los que quiero, por mi comunidad, por mi familia, por mi entorno y por mi país.

¿Cómo percibes el movimiento social hoy en Chile?

Lo que está sucediendo en Chile está muy bien encaminado. Se está luchando por una falencia que tenemos en Chile desde hace muchos años. No es solo de ahora. Estamos luchando por la salud, por las pensiones, pero lamentablemente la gente de mala clase no lo ha tomado así.

Ya está bueno que seamos atropellados. Salimos a luchar y somos reprimidos por Carabineros. Una sobrina mía fue golpeada y detenida. Acusada por algo que no hizo. Estaba con sus compañeras de universidad, y fueron tomadas. Casi me la mataron.

Entonces yo encuentro que el gobierno en vez de apoyar nos reprime y no nos da soluciones.

Hay que salir a la lucha, hay que enseñarle al gobierno que también somos personas. Ellos están tranquilos porque viven con un sueldazo… ¿Y nos reprimen por querer dignidad?

Hay que salir este 8 de marzo, hay demostrarle el mundo quiénes somos.