Entrevista a Carolina Pizarro y Luis Alonso:

En 2018 el Odin Teatret volvió a pisar suelo chileno, luego que fueran invitados a encabezar una edición especial de Identidades Festival. Durante esas jornadas conocimos a los dos integrantes más jóvenes del célebre colectivo internacional, Carolina Pizarro y Luis Alonso, ambos actores chilenos que hoy continúan desarrollando su profesión en Dinamarca. En el mes del teatro, quisimos conocer cuáles fueron las razones que los impulsaron a iniciar un periplo fuera del país, hacia qué horizontes han orientado sus búsquedas artísticas y cómo observan los sucesos que hoy reconfiguran el escenario cultural que conocíamos.  

Carolina Pizarro es investigadora escénica, docente, actriz y directora. Dirige Triskel Artes Escénicas desde 2007. Es discípula de Lakshman Gurukkal, del Hindustan Kalari Sangam y Kalari Gram en India. También es directora de Ikarus Stage Arts desde 2017, junto con Luis Alonso. Y participa activamente de Mujeres x la cultura y Magdalena Project, espacios que buscan visibilizar el rol de la mujer en el arte y la cultura. Desde el año 2015 es parte del Odin Teatret. Luis Alonso se unió a Odin Teatret en 2016, mientras trabajaba en estudios especializados de Nordisk Teaterlaboratorium, bajo la supervisión de Eugenio Barba. Trabajó como actor y maestro en Chile, además de impartir clases de teatro en universidades e instituciones privadas.

En el Día del Teatro en Chile se recuerda a Andrés Pérez, ¿cuál es el legado que ustedes consideran que dejó a las nuevas generaciones de actores?

Luis: Sin duda, para quienes trabajaron con él en sus montajes teatrales, al mismo tiempo de haber podido vivir una experiencia artística plena, en el sentido de que cada encuentro con los espectadores era -por una parte un rito y por la otra un constante festejo- las enseñanzas de sus ensayos en cuanto a la construcción de los personajes. Sobretodo con los arquetipos, los gestos, la caracterización y el uso del maquillaje, entre otros elementos, son joyas que hasta el día de hoy se puede ver en sus actuaciones con otros directores y en otros montajes, o al haber formado sus propias compañías.

Carolina: Me cuesta hablar de legado, de herencia. Creo que es una palabra que está muy manoseada y muchas veces mal utilizada. Creo que en el caso de un trabajador de cualquier disciplina ya sea director, actor, músico u otro, todo lo que éste hace vive y muere con él. No creo que podamos heredar algo, no es como una casa o algo material, sobre todo en el teatro, que es algo impalpable, que sucede en presente de acuerdo a las necesidades de quien lo hace y en relación a la escucha de lo que acontece alrededor. 

Quizás más que un legado lo que se puede dejar es inspiración. A las personas que admiro las tomo como un ejemplo a seguir mientras voy buscando mi propio camino.

Volviendo al caso de Andrés Perez, su muerte resulta lamentable para el mundo del teatro porque era un ser consecuente, política y artísticamente hablando. Su trabajo fue notable no sólo en Chile, puesto que el hizo una parte de su trabajo en Francia con la directora Ariane Mnouchkine. 

Yo no tuve el privilegio de conocerlo, pero pienso en todo lo que podría haber relizado si en Chile hubieran valorado su trabajo y él no hubiese muerto tan pronto.

Me hubiese gustado conocer a Andrés Pérez. Vi dos obras de él. Pude ver “Voces en el Barro”, porque actuaba Andrea Ubal, quien era mi profesora de movimiento, y también su última obra “La Huida”, porque trabajé con Juan José Luis Olavarrieta en un montaje. Creo que en Andrea y en Juan José observé algo particular en el hacer teatro, algo que sin duda recibieron de Andrés Pérez, rigor, disciplina y como ellos lograban adaptarse aceptando los cambios de último minuto que se presentan en el teatro.  

Cuando estudiaba teatro en la Universidad de Chile, los profesores siempre hablaban de Andrés Pérez. Lo presentaban como un ejemplo a seguir, porque “para Andrés el teatro era lo más importante en la vida”. Pero nunca lo estudiamos seriamente como parte del curriculum. Espero que hoy sí se esté enseñando sobre Andrés Pérez como parte de la Historia del Teatro en las escuelas de teatro y le den el lugar que merece.

Los profesores decían que pasó mucho tiempo solo moviendo cortinas en el Théâtre du Soleil antes de lograr un rol y que cuando lo tuvo fue excepcional porque su Ghandhi era maravilloso. También nos contaban que hizo resistencia con sus intervenciones de teatro en la calle durante la dictadura de Pinochet, que se colgó como protesta para que no le quitaran Matucana 100, que no tuvo apoyo del gobierno y que finalmente murió de pena.

No sé si todo eso es cierto, pero cuando visité la Cartoucherie, en Paris, entendí el sueño que él tenía para Matucana 100. Podría haber sido maravilloso y le fue arrebatado. Conociendo como funciona la burocracia y el aprovechamiento de algunos en Chile, seguramente debió ser doloroso.  Quizás ese podría haber sido su legado.

¿Cuándo y por qué deciden migrar y seguir desarrollando su profesión fuera de Chile?

Luis: El estímulo que me motivó a salir, creo que fue la situación política, claro que eso comenzó para mí el 2010 y recién me fui el 2015. También era que quería seguir estudiando y aprendiendo actoralmente, ya que durante mucho tiempo me dediqué a enseñar.

Fue en 2012 que estando en Santiago tomé un seminario con un director y maestro argentino radicado en España. Luego fui por un seminario de actuación a Buenos Aires y ahí me di cuenta de que el ambiente teatral era una sola cosa unida con la vida de la ciudad y no un mundo aparte, como me parecía que sucedía en Santiago.

Entonces me sedujo la idea de vivir en alguna parte donde lo teatral fuera integrado como un órgano más de un cuerpo humano-social.

A fines del 2014 dejé todo y decidí que saldría, pero en un principio iba a ir a estudiar a Madrid, pero como por tema de visas no podía quedarme ahí, apliqué a una residencia para vivir en Dinamarca acompañando a mi pareja y bueno, aquí me quedé.

Carolina: Creo que como Roberta Carreri me dijo una vez,  “no siempre uno decide, a veces las decisiones te toman”. Muchas veces la vida es más sabia y no lo comprendemos en su momento.

Recuerdo cuando decidí dejar el teatro, porque me sentía muy decepcionada de la superficialidad y la competencia que había alrededor del oficio, el esfuerzo de trabajar de día y estudiar de noche en la Escuela Facetas me pasaron la cuenta, estaba agotada y decidí abandonar. Pensé en estudiar otra cosa. Mario Costa, quien era mi profesor, me dijo que no podía dejarlo porque el teatro te escoge y es un regalo que implica responsabilidad. Igualmente abandoné la escuela, empecé un preuniversitario y durante ese año Roberto Ancavil me invitó a trabajar con él en la compañía viajantes, no sé por qué acepté. Finalmente esa experiencia llenó mi vida de referentes nuevos, me mostró una manera de trabajar más acorde a lo que yo necesitaba y volví al teatro.

Luego estudié en la Universidad de Chile. Fueron años muy difíciles. Existe la valoración a través de un título universitario muy fuerte en Chile, por eso lo hice.

Puedo decir honestamente que no me gustó vivir ese proceso. Hoy sin embargo, lo agradezco porque aprendí mucho.

Cuando estaba en tercer año de Universidad, en el año 2006, fui a un encuentro con Julia Varley y Eugenio Barba a Buenos Aires. Sentí en lo más profundo de mi ser que ese era el teatro que quería hacer, vi coherencia entre lo que se dice y hace. Entonces surgió la necesidad de migrar porque lo que yo necesitaba no estaba en Chile, estaba al otro lado del océano, en Dinamarca.

En el año 2010 empezó el viaje, abriéndose un camino de aprendizaje donde cada vez me alejaba más de Chile. Abracé la incertidumbre, dejé atrás la seguridad para lanzarme sin saber bien que quería, pero si dónde iría.

El primer proceso de aprendizaje terminó en un unipersonal dirigido por Julia Varley, “Tierra de fuego”, ese espectáculo me llevó a muchos países. A India llegué por un deseo de encontrar un entrenamiento personal el cual encontró fuertes raices en el Hindustan Kalari Sangham y en KalariGram de la mano de mi Guruji Laksham.Luego trabajé en un espectáculo dirigido por Roberta Carreri, donde comparto escenario con Giulia Varotto. He dirigido montajes de sala y de calle. Desde el 2015 comencé a trabajar como actriz en el Odin Teatret.  La vida me ha llevado cada vez más lejos de Chile.

¿Qué ha significado ser parte de Odin Teatret en sus vida como actores?

Luis: Justamente me ha permitido poder trabajar como actor, director, creador escénico integral, técnico, chofer, cocinero, etc., pero todo eso en relación al hecho teatral.

Ha significado poder concentrarme en un solo lugar de trabajo, con el cual nos movemos mucho, claro, pero sin tener que estar corriendo entre cinco trabajos distintos como lo venía haciendo en el último tiempo en Chile.

Para vivir del teatro en Chile, o tienes que tener un gran mecenas o debes trabajar muchísimo, y esto último fue una gran preparación para poder hacerlo acá, porque se trabaja bastante y no todas las personas que vienen aquí resisten el ritmo.

Ha significado redescubrirme como actor y como artista escénico con las cosas que realmente quiero hacer.

Carolina: Ser parte del Odin Teatret es sin duda un regalo precioso, pero implica una gran responsabilidad. Algunos me dicen “Carolina cumpliste tu sueño”, pero para mi más que un sueño fue algo que respondió a una necesidad personal y muy profunda de querer aprender, de vivir junto a estas personas que tienen tanta experiencia. Nunca pensé que sería actriz de este grupo. Para mi era un lugar donde venía a crecer, a estar en un refugio que me protegía de la realidad, que es tan hostil la mayor parte del tiempo.

Sofía Monsalve decidió partir, regresar a Colombia con su padre y su familia. Entonces me preguntaron si quería ingresar al grupo y ser parte de todo el repertorio, para ello debía dejar los viajes a India, a mis amigos, y familia en Chile, renunciar a manejar mi tiempo como quisiera y establecerme en Dinamarca.

Cuando recibí el e-mail lloré como una niña. Sentí mucho miedo, sería un proceso muy difícil y no estaba segura de que lo haría bien.  Sabía lo duro que se trabaja en Odin Teatret. Sin embargo, había recibido tanto. Sentía y siento un amor y respeto profundo por cada uno de ellos. Imposible decir que no. El proceso fue y es duro, dificil y hermoso al mismo tiempo. Tiempos de sorprenderse de lo que uno es capaz de hacer.

Sin los años previos de trabajo y entrenamiento con Julia Varley, Roberta Carreri, Augusto Omolú o con Else Marie Laukvik hubiese sido imposible estar a la altura de las circunstancias y crecer como actriz.

La pregunta que me lanzó a viajar fue: ¿ser un pez grande en el acuario o ser un pez chico en el océano?

En el Odin Teatret siento que soy un pez chico que vive con tiburones entre el oceno en tempestad y un coral.

En esa gran familia que es el Odin Teatret, ¿cuáles son sus roles y compromisos con el equipo?

Luis: Para mí trabajar en el Odin vendría siendo algo así como trabajar en un templo que lleva más de medio siglo con un fuego de creación encendido ininterrumpidamente. Cada uno de nosotros, a su propia manera, tiene el compromiso de mantener esa llama encendida en todo momento. Hay gente que viene y quiere portar un poco de ese fuego para su propio espacio, y entonces uno está ahí tratando de darle las herramientas para que puedan llevarse algo de ese fuego sin que en el camino se haga humo, pero también somos actores del grupo y la situación de la pandemia nos pilló en la creación de un nuevo espectáculo de grupo.

Entonces ahí estamos también alimentando nuestro propio fuego, también para nosotros.

Carolina: En el Odin Teatret soy actriz. Eso dice mi contrato. Pero en la práctica todos hacemos muchas cosas, desde limpiar el teatro, cocinar, ser chofer, coordinar, pasar horas frente al computador, ayudar con el material en castellano si vamos a países de hablahispana, impartir clases a actores, a niños, recibir y ayudar en lo que sea necesario a personas de todo el mundo que vienen a nuestros encuentros, seminarios, festivales y workshops.

Como actriz, estamos creando un nuevo espectáculo dirigido por Eugenio Barba. A la vez debemos mantener vivos los espectáculos anteriores con los cuales viajamos por distintos lugares del mundo. 

Además, cuando comenzamos a trabajar aquí con Luis, Eugenio nos preguntó sobre tener un proyecto propio. Creamos Ikarus Stage Arts que es un grupo internacional y una plataforma cultural que ya tiene 3 años. Con ellos realizamos performances de sala y de calle, workshops, trueques, conciertos teatrales en la comunidad y realizamos también trabajo social en centros de refugiados o de protección a la violencia contra la  mujer, por nombrar algunos. Tenemos diversas producciones, entre ellas “Te duele”, que es una obra que ya estrenamos y ahora esta en gira, la dirigimos con Luis; actúan Yessica Alvarado y John Velasco de Colombia, los conciertos de Gonzalo Hernández y Rodrigo Contreras. Estamos en la última etapa de creación de “La mujer esta”, unipersonal donde dirijo a la chilena Gabriela Arancibia Villagra y estamos empezando una nueva creación de grupo.

Entonces es muy intenso porque dividimos la vida entre Odin teatret, Ikarus Stage Arts y nuestra hija Eloísa que ya tiene 3 años.

¿Cómo viven la distancia con sus familiares y amigos en Chile, especialmente este último periodo tan revuelto en el ámbito social?

Luis: En mi caso creo que no se vive. Si no se está ahí no se puede vivir. Puedo decir que estoy informado de lo que sucede y ya. Una de las razones por las que me fui de Chile fue por ese adormecimiento social, que sucedió porque fue impulsado políticamente para que fuese así, claro.

Y ver que pese a los muertos, mutilaciones, violaciones y vulneraciones hay gente dispuesta a luchar porque quisieron decir basta de abusos y de tratos indignos a quienes son el pueblo y al mismo tiempo el sustento de una sociedad que tiene todo lo necesario para vivir con dignidad, excepto líderes en el servicio público que estén a la altura de las circunstancias… Chile despertó… no sé.

A veces pienso que despertar no es abrir los ojos y abrir los ojos no es despertar.

Carolina: En lo personal, no extraño Chile. Extraño a mis amistades cercanas, a mi familia y la comida de mi mamá. Es dificil también criar a una hija en la distancia, sin el núcleo más cercano. A su vez, nos ha hecho crecer enormemente este proceso. Pero con Luis hemos logrado compatibilizar la maternidad y el desarrollo laboral, que para mi son muy importantes.

Lo bueno es que la tecnología permite estar en contacto, y que Eloísa pueda reconocer a su familia en Chile.

Aunque igualmente siento “Saudade” por los afectos, una hermosa palabra Portuguesa.

En este último tiempo resulta muy dificil y dolorosa la distancia. La situación política en Chile es preocupante, y ahora peor con el tema del virus. Pasamos momentos de mucha angustia y tristeza. Tuvimos amigos enfermos, una amiga que vive en Bélgica acaba de perder a su padre. La distancia en estos momentos duele profundamente, pero tenemos nuestro trabajo que nos permite resistir, tenemos a nuestra hija, a quien tenemos que cuidar y esto nos da fuerza para continuar.

¿Cómo creen que el teatro mantendrá su salud frente a este escenario?

Luis: Es que el teatro en Chile no tiene salud, entonces se va a partir ahora de cero o de menos cero. Los artistas y las personas que dan vida a la vida cultural siempre se han sabido reinvertar, ha sido su constante.

Carolina: Creo que se ha hablado mucho de esto en los últimos días. Se habla de una crisis en distintos lugares del mundo. El gobierno en Chile a nivel cultural siempre ha apoyado a unos pocos. No creo que se pueda esperar ayuda real.

La situación es crítica e incierta. Pero de cierta manera las artes siempre han estado en una situación de vulnerabilidad similar y finalmente esa ha sido su fuerza.

Creo que cada uno, cada grupo encontrará su propia manera de sobrevivir.

En Chile hay problemas muy grandes a nivel social, político y cultural, tengo la esperanza que alguna vez se pueda “vivir dignamente” de cualquier oficio en Chile. 

¿Cuál creen que es el rol del Estado en un contexto como este?

Luis: En cualquier contexto el rol de un estado es velar por la sociedad que lo compone y no por quienes tienen más a costa de los que tienen menos.

Carolina: Creo que en cualquier Estado deben existir derechos y deberes. No sólo en este contexto sino que siempre.

De todas formas en ningún caso debiera privarse de las libertades y derechos básicos a los individuos, menos violarse los derechos humanos como ha sido el caso de Chile en los últimos meses.

Un Estado que mantenga una economía sana, sin corrupción, ni influencias políticas, donde los impuestos debieran estar a disposición para que las personas tengan calidad de vida: educación, salud y buen sistema de jubilación. Donde se apela a la conciencia de la ciudadanía, y no se le amedrenta ni se le reprime.

Esto no es algo imposible, es algo que se ve en Dinamarca y en los países nórdicos, por ejemplo, donde el capitalismo y el neoliberalismo no es feroz como en Chile.

¿Podría el teatro contribuir a la reconstrucción del tejido social en Chile? 

Luis: Creo que una parte de él sí lo está haciendo y hace un buen rato. Podemos volver a Andrés Pérez, quien cuando dirigía no olvidada que por un lado el encuentro teatral era entretención y por el otro un lugar para denunciar, recrear y mostrar lo que ha sucedido en el pasado y lo que podría suceder en el futuro, precisamente para cuidar el presente.

Es quizás gracias a montajes como “La huída” o a un documental como “El botón de nacar” que nuestro mar no ha vuelto a ser escenario de tanta tragedia in-humana.

A propósito del mar, fue el año 2001 cuando la compañía Teatro de Chile presentó su obra “Prat”, que ponía en cuestión la figura del “héroe”. Allá mismo cuando estuvimos en el festival Indetidades en Antofagasta, en 2018, me chocó ver cómo el 12 de octubre, a través de carabineros el estado de Chile rendía homenajes a la Corona española.

Y mira hoy cómo con esta revolución se cuestiona absolutamente todo. El teatro y el arte en general en sus actos ayudan a reflexionar y las autoridades que manejan las directrices del país no ayudan mucho con sus acciones.

Carolina: No lo sé. A veces soy muy incrédula y creo que el teatro no sirve para cambiar ni reconstruir nada.  Creo que es un espacio de lucha personal donde nos cambiamos a nosotros mismos. La esperanza me la dan o me la quitan las mismas personas, los espectadores, nuestros colegas o cuando veo performances de otros grupos de teatro.

Las luchas individuales y colectivas, las resistencias y cómo cada uno crea su propia estrategia para continuar. Las acciones que hagamos hoy nos lo dirán. De momento todo es incierto. En el futuro lo sabremos si el teatro ha contribuido en algo.

Fotografías: Glenn Arcos